Espai de reflexió d'una dona sortida de l'Aragó i vinguda a parar a Barcelona en temps de transició.
26/11/2006
Recuerdas lo que sucede cuando sales sola a la calle. Bajas las escaleras pensando ¿Hacia dónde?
Diriges tus pasos o ellos te llevan.

Decidiste salir para buscar tu momento y te encontraste mirando el paisaje.
El viento despejó el cielo, ni una sola nube. Los colores en todo su esplendor. El sol en la espalda proyecta tu sombra que tu vas y sigues por el camino que hay y recorre la muralla. Se ha mejorado y aquello que ves sugiere y evoca. Montañas se acercan por su nitidez dada por un día tan limpio barrido por el viento. Será del sudeste, que el cierzo es del norte y cuando éste sopla no invita a paseos trayendo los fríos, helando los miembros.
Belleza de los pinos con sus piñas verdes y algunas maduras. Corriente de agua que lenta se mueve.
Clic, clic y otro clic. Fotografías aquí y allá. Disparas y recoges con tu zoom el Salto del Roldan. A lo lejos el castillo de Montearagón, sabido y diferenciado.
Se está mejorando el entorno que recorriste en tu infancia de juegos y descubrimientos.
La ermita de los Mártires, aún las casas próximas habitadas. La tuya, la vuestra, sólo un recuerdo. Se tiró por prescripción municipal. Ahora es difícil ubicarla entre el cruce de calles de Pedro Arnal Cavero y Camila Gracia. Otro tiempo era el número cinco de las Tenerías. Fotografías que mi tío hacía cuando por Huesca venían. Fotografías que fui haciendo y otros registros en albúmenes y cajas quedan para reforzar los recuerdos que construyen el espacio en sus dimensiones y las del tiempo.
Hay recuerdos y recorridos que quieres dibujar con claridad. Ese recorrido lo recogiste en fotografías un día de invierno que la nieve te sacó de casa en tu afán de captar las cosas en lo natural. No queda más sombra que la de tu recuerdo y ese testimonio de papeles viejos.
El recorrido del Trasmuro ya no tiene los mismos paisajes. Si miras a la derecha se aprecia aquellos que en otro tiempo quedaba tapado por el muro de la Residencia. Ha ganado en mucho para el paseante.
No has llegado a las Míguelas ni al puente, el depósito del agua te ha retenido. La posición del sol te ha contradicho, no puedes fotografiar si el sol te queda de cara, el contraluz. Decides dar la vuelta y lo haces bajando y cruzando el río que canalizado y reducido su cauce parece riachuelo o acequia. Acequia y río. aquella acequia en la que te bañabas, es un decir ya que nunca es el mismo agua ni el mismo río, y en este caso no la misma acequia. El Flumen y el Isuela, nombres que designan a nuestros dos ríos. Mi padre me explica que el agua que de la acequia recogemos viene de Arguis a regar las huertas de la Hoya de Huesca.
La idea de falta de continuidad del río me hace pensar en la vida. No es el mismo río, no es la misma persona aunque se le designe siempre por ese nombre que se le adjudicara en su nacimiento.
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Dar un voltio para mí y mis amigas era dar un paseo por los porches un domingo por la tarde. Esta referencia viene de mi adolescencia y ha sido lo primero que me ha venido a la mente a la hora de poner título a esta reflexión escrita en Huesca el 28 de Agosto de 2006, el mismo día del paseo.
Los últimos días del veraneo en casa de mis padres salí con mi cámara e hice fotos de los alrededores próximos y de sus calles que conservaban el rastro de las fiestas y retornaban a su dinámica al volver a abrirse tiendas y comercios.
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